Borges joven
Sinestesia Salvaje
Jorge Luis Borges joven y despeinado, vidente y molesto, jugando a clavarle un palo largo en los glúteos a su cuñado, el escritor español Guillermo de Torre; Borges joven y con barba candado, mirando lo que parece ser un río hecho de tiempo y agua; Borges joven y de camisa blanca tomando mate; Borges joven, de frente y de perfil, leyendo un libro y haciendo el gesto de “salí de acá” o “ya lo terminé” o “es buenísimo”; Borges joven y sin barba, poniendo caras divertidas y peinándose frente a la cámara; Borges joven y elegante en una reunión, fumando canchero, con moño negro y galera.
Este no es el Borges ya viejo y ciego, de bastón y traje gris, al que estamos acostumbrados. Este es mi Borges favorito: el cuentista de los treinta y cuarenta, el de Ficciones y de El Aleph, el que aún podía escribir con sus propias manos, el Georgie al que todavía le faltaban varios años para convertirse en una celebridad mundial al ganar el premio Formentor; el Borges vanguardista, el que escribía cuando aún no existía el peronismo y el que después lo hacía mientras el país cambiaba para siempre, sin entender muy bien lo que pasaba. El Borges vitalista y enamorado no correspondido que tenía que trabajar para vivir y mientras tanto componía en silencio y sin estridencias muchos de los mejores cuentos de la literatura universal.
Estas increíbles imágenes fueron filmadas en 8 milímetros por el escritor uruguayo Enrique Amorim y luego fueron recuperadas por el Instituto Valenciano de Cinematografía y publicadas en una película que se dio en llamar: “Galería de escritores y artistas de 1928 a 1959”. El audio que le agregué es parte de “Arte poética”, el poema escrito y recitado por el mismo Borges.
En una entrevista, ya de anciano, Borges dijo que si volviera a ver se encontraría en el espejo con “una cara desconocida, vieja y decrépita”. Las caras propias que recordaba Borges —la imagen de sí mismo que tenía— eran las que vemos en estas escenas íntimas y que a nosotros nos parecen tan extrañas, aunque recordemos que el tiempo es otro río y sepamos que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua.

Una agalma!!! Muchas gracias
Una joyita el video. Bravo Ignacio (y gracias)