El daño mental
Sinestesia Salvaje
El autor y reposteador de los tuits que se ven más abajo es un chico muy joven que nació con síndrome de Moebius (le faltan la mitad de sus dos brazos y de una pierna). Esa fue su mayor desgracia. Su segunda desgracia fue haber crecido en una época en la que se consideran virtudes el individualismo extremo, el desprecio y la falta de empatía; él adoptó esos disvalores y, como buena parte de sus pares en los que se ve reflejado, los manifiesta con una agresividad y violencia inauditas.
En persona se comunica con un tono bajo y contenido, pero en Twitter se transforma: promete “combatir al Estado en todos sus frentes” y defiende con violencia a un gobierno que agrede sistemáticamente a los más vulnerables (a los
discapacitados como él, a los jubilados, a los enfermos, a los trabajadores
asalariados en general, etc.). Y no lo hace con argumentos (compartibles o no),
sino con burlas, insultos, chicanas y provocaciones, que —lamentable y
lógicamente— encuentran sus reacciones y respuestas despiadadas en esa red social
espantosa.
En estos días es noticia porque, ante la falta de respuestas del gobierno, está acudiendo a la ayuda privada para poder pagarse una prótesis.
Este chico puede parecer un victimario de sus objetos de agresión, pero en realidad es una víctima más del odio irracional que siembra y alienta la ultraderecha libertaria.
Un chico que, frente a una problemática tan dura, podría haber encontrado refugio físico y espiritual en el compañerismo, la amabilidad, el arte, la sensibilidad o la conciencia social, “eligió” —más bien fue empujado a elegir— el camino del individualismo y del odio irracional.
Además del inmenso daño material, el daño que esta ultraderecha (y la derecha “republicana”, que a esta altura son lo mismo) está provocando en la salud mental de millones de argentinos es profundo y, probablemente, irreversible.

